PÁGINA CREADA EN FEBRERO DE 2014
Página de comentarios de Lectores, imágenes en color y ampliación temática del Libro "Faraón"

FARAÓN
Piramicasa Gabriel Silva
ISBN 978 1 291 7152 5
www.lulu.com/spotlight/piramicasa

(Sólo en impreso, no se distribuye
en formato digital)

La novela-documento más apasionante y clarificadora sobre los Faraones y el Antiguo Egipto.
536 páginas
Contacto:


VIAJE A EGIPTO CON GABRIEL SILVA


HISTORIA DE EGIPTO Y EL LIBRO FARAÓN EN IMÁGENES
(pulsar las imágenes para verlas en mayor tamaño. Algunas abren en pestaña nueva)

El libro está editado con tapas a color, pero el interior en blanco y negro, incluso las imágenes. Así que aquí están las imágenes originales en color y muchas que no se pudieron poner en esta edición, que aún reduciendo los tamaños, achicando la letra y redactando con lineas justificadas pero ajustando el texto, alcanzó las 536 páginas.

Sentencia de Sekhmet: en el Capítulo I:

"Sólo os pido que entréis a mi casa con respeto. Para serviros no necesito vuestra devoción, sino vuestra total sinceridad, ni vuestras creencias, sino vuestra sed de conocimiento. Entrad con vuestros vicios, vuestros miedos y vuestros odios, desde los más grandes hasta los más pequeños. Puedo ayudaros a disolverlos. Podéis mirarme y amarme como hembra, como madre, como hija, como hermana, como amiga, pero nunca me miréis como a una autoridad por encima de Vos mismo. Si la devoción a un dios cualquiera es mayor que la que tenéis hacia el Dios Ptah que hay en Vos, ofendéis a ambos y al Uno."

Estatua de Sekhmet en Medinet Habu
Grabado en el Templo de Horus
Capilla de Sekhmet en Karnak

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Capítulo II - Viaje a Tekmatis

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Mapa del viajedesde Karnak hasta Tekmatis rodeando las selvas y pantanos de la antigüedad.

 

-Decidle a vuestro Maestro, que casualmente es mi primo Amotaner, que os instruya más sobre ese particular, y a los demás, haced lo propio con vuestros respectivos Maestros. Pero os voy a explicar brevemente sobre los dioses, porque es en extremo importante que sepáis sobre ellos, tanto como sobre vosotros mismos. Repitiendo las palabras sabias de mi amado antecesor, y seguramente del antecesor del suyo y así por todos los tiempos… "Decidme en qué dioses creéis y os diré cómo sois". Sin que dejen de existir los dioses, también es cierto que las ideas que un pueblo tenga sobre Ptah u otros dioses, delata sus calidades y cualidades. Bueno… Ese es mi criterio y humilde opinión ¿Os parece importante?
- ¡Claro, Faraón!, -respondió el que inició el tema- Los arios del Norte dicen que sus dioses son los mismos que tenemos nosotros, aunque ellos dicen que sólo son hombres inmortales, mientras que nosotros somos como ellos, sólo que mortales…
- Eso es verdad, Anthala. Los Primordiales son hombres perfectos y muchas veces se les ha considerado dioses. Ellos viven en el interior del mundo. Podréis ver sobre eso en la biblioteca de la Pirámide de la Luz, si tenéis ocasión de ir por aquel territorio, pero también en el Templo de Hathor tenéis una representación de estos asuntos, en las escaleras… No hay que confundir las tres formas de los dioses, que son personales humanos, es decir "Primordiales", personales Ascendidos, es decir que hablamos de una individualidad que era humana como Sekhmet y ascendió al Reino Cristalino, como bien sabéis que ocurre en una o dos de cada diez muertes, donde no se deja cadáver alguno sino que se alcanza la Vida Eterna… También los dioses pueden ser alegóricos, es decir "simbólicos" y representan fenómenos naturales, conjuntos de conocimientos, actitudes de una persona o de un pueblo… Como Isis y Osiris, que son como hermanos y al mismo tiempo esposos…
-Pero eso sería incesto y no es bueno, ¿Verdad?- preguntó otro soldado.
-No, querido, no representan un incesto porque no se refiere a esa aberración mental y biológica, pues se trata de símbolos. Osiris es el Conocimiento puro, mientras que Isis representa a la Ciencia, es decir el método de procesar el Conocimiento, o su hermana Maat, que es la Ciencia de Toth, el Conocimiento del Universo. Se dice que Isis y Osiris son hermanos y esposos porque no hay ciencia si no se posee conocimiento con el cual obrar, ni conocimiento profundo sin ciencia, pero son dos cosas diferentes. Finalmente están los Dioses esenciales o espirituales, como su hijo Horus, que representa la Conciencia Espiritual. -continuaba el Faraón hablando profunda y lentamente- Porque el Conocimiento Cierto y la Ciencia Amorosa llevan tarde o temprano a ese Instante Divino que es la iluminación de la personalidad. Pero para ello debe despojarse de todos sus demonios, de todos sus enemigos interiores, como está plasmado en los Templos de Horus, en el de Sekhmet del Sur, Tekmatis y muchas otras escuelas, justo en los frentes, como la cosa más importante que debe hacer no sólo el Faraón, sino todo ser humano. Como un muro de rocas que se mueven, los enemigos interiores mantienen a la personalidad en la oscuridad, sin darse cuenta que es un mero instrumento del Alma, y el Alma es Divina, porque contiene la Esencia de Atón. Y Atón mismo es el más espiritual de los dioses, pero a la vez el más material, ya que es Ptah manifestado, con auxilio de Nut, que es la materia, el Universo visible, la parte femenina sin la cual la esencia no puede existir. Es decir que Ptah y Nut son los dos aspectos del Todo y su cuerpo es el Universo entero… Aunque también hablamos mucho de Râ, es un dios simbólico y material a la vez. Con él representamos a la estrella más cercana, que nos da la luz para la Vida, pero el Conocimiento que era oculto y Sekhmet reveló a los Sacerdotes hace más de cuatro mil años, es que representa la parte más alta del Ka de la Vida, el Sol personal sobre nuestras cabezas…
-¿El Ka de la Vida, Maestro? No entiendo…
-Es que tenemos tres Ka, no uno solo. Bueno, quizá me adelante a vuestros maestros, pero ya que estamos, os lo aclaro. Uno es el Ka de los pensamientos, y es el que maneja todas las cosas de la inteligencia; otro es el Ka de las emociones, donde se alojan nuestros peores enemigos. Creo que ya sabéis cuáles son…
-Sí, Faraón, odios, miedos y vicios, -respondió un soldado- eso lo saben hasta los niños, pero aún no sabemos qué es el Ka de la Vida.
-El Ka de la Vida, -continuó Isman- es el que administra toda la energía de nuestro cuerpo y está compuesto de hilos de luz por fuera y por dentro del cuerpo, aunque pocas personas pueden verlos. Esos hilos se concentran en setenta y ocho puntos que llamamos Intis, pero hay siete Intis mayores, que son muy grandes, ubicados en la línea central del cuerpo. Parecen soles o flores con muchos y brillantes pétalos para quienes pueden verlos. El Inti que abarca toda la cabeza se llama Inti-uas-Râ, porque para quienes lo vemos, en las personas en que su Horus se ha elevado a la Divinidad, se parece al sol cuando acaba de amanecer completamente. Cuando el Inti-uas-Râ se ha despertado, el Lah ( o sea el Alma) toma posesión total de los tres Ka y del Bah, el cuerpo mundano. Eso es estar "iluminado por Râ" en el sentido más profundo. Es como un amanecer para la conciencia, donde uno comprende que hasta ese momento había vivido en la noche de la ignorancia. En los Templos se pinta de rojo o amarillo sobre la cabeza de los dioses o de los hombres iluminados, pero es algo mucho más bello que lo que el mejor artista pueda pintar; ningún poeta podría describirlo, ni con el más antiguo de los idiomas.
-¿Y podremos algún día nosotros, simples soldados, alcanzar ese… estado de iluminación?
-¿Creéis, mi querido Anthala, -replicó el Faraón con una sonrisa- que os diría estas cosas si no supiera con toda certeza que cualquiera que lo desee puede llevar a su propio ser mundano a la más alta condición divina? ¿Acaso habrían dejado los Hombres-Dioses que llamamos Hekanef, una obra tan magnífica como todo Ankh em-Ptah, si hubiesen dudado de la capacidad de los supervivientes del diluvio para entender y aprovechar todo lo que esmeradamente escribieron en jeroglíficos, en claves numéricas en las construcciones y los poderes de algunas de las mismas construcciones?... ¡Claro que vais a desarrollar vuestros Intis hasta el Inti-uas-Râ! Y siendo humanos mortales, seréis como dioses y un día haréis lo mismo que los Sacerdotes avanzados que con tanto respeto protegéis con vuestras armas. ¿Creéis que en un pueblo como el nuestro, estas cosas sagradas no serán reveladas a alguien que las desee saber? Ahora estáis cumpliendo un papel tan importante como el de los Sacerdotes al educar al pueblo, porque sin vuestra protección ellos no podrían educar a nade, ni existiría ya Ankh em-Ptah, pero es asunto vuestro pedir, preguntar… Las cosas están en el ejército dispuestas de tal manera que a nadie se obliga el aprendizaje, pero tampoco se niega. ¿Acaso no os invitan los Sacerdotes a sus charlas y enseñanzas?
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-¿Y cómo podemos saber -preguntó otro soldado- cuándo estamos ante un dios personal, si es que tenemos la ocasión?
-Muy sencillo, -respondió el Faraón- aunque raramente tendríais oportunidad de saber que estáis ante una divinidad encarnada, porque tal personalidad nunca lo revelaría, sólo obraría divinamente y no me refiero a hacer prodigios y obras que sorprenden un instante, sino que hará obras que quedarán reflejadas en el tiempo, mejorando la evolución de los seres. O sea que si alguien os dice que es la encarnación de tal o cual dios, tened cuidado. En tal caso algo está fallando, porque un dios encarnado no necesita decir nada, a menos que lo haga diciéndoos que vosotros también podéis hacerlo y enseñando el modo... En tal caso es un Maestro estimulando vuestra propia divinidad pero aún así, poco resultado han tenido los que emplearon esa forma didáctica. Los demonios de la gente han llevado a las multitudes a adorarles, en vez de seguir el ejemplo. Así que el que hace prodigios sabe que tiene una misión que cumplir y lo hace. Con el tiempo, se verá su obra y la mayoría de las veces ni siquiera se sabrá quién la ha hecho. Un verdadero dios encarnado no viene a hacerse conocer por los demás, le basta con conocerse a si mismo… Ya sé que estas explicaciones son un poco básicas, pero a medida que comprendáis los Ocho Kybaliones, que son los Ocho Principios de Universo y sus respectivas Leyes de Toth, iréis meditando en ello hasta comprender y vivenciar lo aprendido. Recordad decir a vuestros Maestros que insistan en este tema de los dioses, para que el conocimiento de ellos no degenere como ocurre en las religiones de los orientales y de los habitantes negros de las selvas del Sur, que hasta se comen entre ellos por mandato de un dios personal y un montón de creencias y supersticiones. ¿Otra pregunta?

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[Disposición normal de la caravana en zonas seguras externa e internamente, pero en este caso, sin descuidar la seguridad externa, Elhamin cambió algunas tiendas de los porteadores por ubicaciones de los soldados, quedando el Faraón protegido más directamente por la cercanía de una docena de fieles, colocando a los sospechosos en el perímetro exterior. Las tiendas más oscuras son las de los soldados, la más claras de los porteadores.]

 

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La noche transcurría sin la habitual tranquilidad del desierto que tenían a la izquierda y con la presencia de incontables misterios perceptibles hasta para los más insensibles. El bosque iba siendo evitado, manteniendo una distancia que apenas lo definía por momentos con la silueta de los altos árboles contra el firmamento estrellado. Demasiados ruidos extraños en la lejanía del desierto, algunos ruidos menos extraños pero más preocupantes, como rugidos de leones, ladridos de hienas y un hecho naturalmente más misterioso que todos los sonidos del desierto. Un enjambre de abejas en plena noche asustó a los caballos y lógicamente también a los hombres.
-¡Deteneos todos! Permaneced en plena quietud y silencio. -ordenó el Faraón y en voz baja dijo a Elhamin- Parece que alguien me está queriendo decir algo importante.
Momentos después no se escuchaba ni un solo casco de los animales, pero se oía junto con el profundo zumbido de las abejas, el traqueteo de la carreta con los presidiarios, desde la que no habían escuchado la orden. Uno de los soldados, en medio de la nube de abejas azuzó su caballo para encontrarse con ellos y transmitir la orden, cosa que hizo y continuó para decirla también a los jinetes de retaguardia. Hasta ellos llegaba el enorme enjambre.
Cuando todo estuvo en el más absoluto silencio y sólo se oía el enjambre, el Faraón se apeó, se quitó la mayor parte de la ropa y caminó alejándose cien pasos hacia el desierto, seguido a prudente distancia de Elhamin, y sentado en el suelo pronunció en voz muy baja algunas palabras que ni el muy culto General pudo entender.
Como por arte de magia, la mayor parte de las abejas comenzaron a reunirse en torno a Isman, quien permanecía con los brazos algo abiertos sobre sus rodillas, los ojos cerrados y las piernas cruzadas, pronunciando de vez en cuando algún leve sonido ininteligible. Ante los ojos atónitos de su General, su cuerpo desapareció bajo el espeso manto de abejas, del que sólo emergía su cabeza. Así estuvo durante tan largo rato que sus hombres comenzaban a impacientarse. Alguno se acercó al General y al contemplar aquel montículo de insectos con la cabeza del Faraón encima, no pudo contener un suspiro de susto.
-Silencio, -le dijo Elhamin en voz baja- y no os preocupéis, que sabe muy bien lo que hace.
-Es increíble… Bueno, por algo es nuestro Faraón, parece que hablara con las abejas…
-Eso hace... Y ahora a callar.

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-Por fin, mi amada Tekmatis - dijo un soldado que cabalgaba justo detrás del Faraón.
-Por vuestra expresión, Numisem -dijo Isman- no me cabe duda que habéis nacido o vivido mucho tiempo aquí…
-Así es, Maestro. Cuando tenía casi veinte años, vuestro cocinero Hempotepet vino a dar unas instrucciones a los arqueros y no pude resistirme a seguir el camino militar, pero tras diez años, por fin vuelvo a verla y mi Alma se estremece. Mis padres estarán muy alegres…

-¿Alguien más ha nacido o vivido en Tekmatis? -preguntó en voz alta el Faraón para seguir un momento después- Veo que nadie más necesitará permiso especial, así que tendréis tres días libres de obligaciones y podréis visitar a vuestros familiares.
-Gracias, Faraón, pero vuestro General sabrá donde estoy, quedo disponible en cuanto me necesiten.

Capítulo III - La Ciudad Amenazada
Comenzaron a descender con cuidado entre las zarzas y rocas de la cuesta, mientras los carros y cuadrigas debieron dar un rodeo para encontrarse todos en un camino frente a las puertas, aún lejanas.
La ciudad estaba amurallada por los flancos con grandes bloques de adobe, formando paredes de cuatro codos de espesor y unos quince codos de alto, pero en la puerta principal y algunos cientos de codos a cada lado, sus megalitos de granito rojo y gris, así como basaltos negros de veinte codos de largo por ocho de alto, repletos de grabados y jeroglíficos, destacaban en su grandeza y belleza, incluso sobre los templos-ciudadela de Hathor, Horus y otros de similar aspecto. La enorme figura del Faraón en actitud bélica derrotando a sus enemigos, como en muchos otros templos remarcaba en ambos lados del frente, con su gigantesca insistencia, la necesidad de destruir a esos "enemigos del Faraón"…
-Estamos a unos quinientos Ankemtras (*) -dijo el Faraón- y ya resulta impresionante, pero no me parece muy normal que nadie nos salga al paso. Según recuerdo, aunque la ciudad se halla al borde de la línea de vegetación, como una extensión de la selva boscosa, hay un ancho camino que la separa del bosque y había unas torres de vigilancia por aquí cerca y también del lado del desierto…
(*)[ El "Ankemtra" equivale a 1,047901 metro pero por muchas razones prácticas se usaba más la mitad, el "codo", equivalente a 0,5239505 metro. Herméticamente se escribe al menos la inicial en mayúsculas por el carácter e importancia que tiene en la Geometría Sagrada]

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El grupo fue acompañado hasta unas pequeñas casitas de madera, de forma piramidal, cubiertas por fuera con finas losetas de cerámica. En el centro, un agujero similar a un aljibe, con una pequeña barandilla de madera. Un sistema para refrigerar el ambiente que se usaba en muchas casas. El Faraón y su General fueron hospedados en una y los demás en otras, en un predio rodeado de palmeras.
-Parece -dijo Elhamin- que están tan entusiasmados con las pirámides que los arquitectos no han tenido otra idea que hacer de esta forma todas las viviendas…
-Sí es curioso… Ya nos dirá algo más Uasnum.
-Bien, pero no vamos a presentarnos tan desaliñados como venimos, así que bañaos Vos, que luego lo haré yo. Os prepararé las ropas de Faraón, que hace tiempo que no las usáis. Siempre vais vestido de modo tan sencillo que sólo destacáis por vuestra áurea personal.

 

 

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Capítulo IV - La Exploración de Darsum
-Tengo cuatro mil soldados, un Comandante excelente y algunas… armas secretas, -decía el hierofante mostrando a Isman y a algunos de sus soldados un almacén en medio del cuartel- pero ya sabéis que los hijos de Seth tienen armas poderosas. Estas son sólo algunas de las capturadas recientemente…
-Y hay algunas precauciones, -decía Ankemtatis- como manejar con cuidado, que no se pulse esta cola de metal, que produce el disparo, hasta tener definido el blanco; no acercar demasiado a nada metálico la parte de atrás porque con las mayoría de los metales el arma queda casi pegada y cuesta despegarla, y hay que tener la parte posterior siempre lejos del cuerpo, salvo cuando se dispara. No sabemos si esa fuerza que atrae el metal puede hacer daño.

Sobre una larga mesa había una serie de armas extrañas, algunas parecidas a cornetas, otras como cajas con una fina prolongación.
-Me comentasteis que el último ataque fue un grupo de quinientos enemigos… ¿Tenéis idea del número total de esa fuerza hostil?
-No, Faraón. Pero podemos deducir que son menos que nosotros, porque ya habrían atacado masivamente. No creo que ese ataque fuese de mera exploración. Por la parte de la selva intentaron penetrar la muralla con unos explosivos, de esos que hacen con cañas, carbón y tierra amarilla, pero ya sabéis que los adobes son muy grandes y muy resistentes.
-Comprendo pero es preciso averiguar más. Tenemos que hacer pronto esa expedición. Dentro de unos días la luna empezará a esconderse y deberíamos aprovechar la total oscuridad. Si no tenéis inconvenientes, dirigiré yo mismo la expedición.
-A mi me parece una imprudencia, Maestro, -intervino Elhamin- pero ya sé que no vais a tener en cuenta mi opinión.
-La tengo en cuenta, General, pero sabéis que no podría quedarme.

 

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El Heka y el Nejej eran los atributos faraónicos principales, porque con ellos hallaba las mejores tierras para cada cultivo, las aguas y los minerales. Es decir que eran varillas de rabdomante. Un Conocimiento científico que hoy está rescatando la moderna geobiología

HEKA

NEJEJ

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