PÁGINA CREADA EN FEBRERO DE 2014
Página de comentarios de Lectores, imágenes en color y ampliación temática del Libro "Faraón"

FARAÓN
Piramicasa Gabriel Silva
ISBN 978 1 291 7152 5
www.lulu.com/spotlight/piramicasa

(Sólo en impreso, no se distribuye
en formato digital)

La novela-documento más apasionante y clarificadora sobre los Faraones y el Antiguo Egipto.
536 páginas
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VIAJE A EGIPTO CON GABRIEL SILVA


HISTORIA DE EGIPTO E IMÁGENES DEL LIBRO FARAÓN
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Pero volviendo más atrás en el tiempo… Todo fue muy bien hasta hace unos treinta mil años, en que otro grupo de hombres delirantes y locos por alcanzar poder sobre los demás, decidieron destruir Ankh em-Ptah y casi lo logran. Lanzaron proyectiles de un fuego que quema hasta las piedras y con ello desaparecieron algunas de las pirámides y varios Templos. ¿Habéis viajado al Norte, donde se encuentra la pirámide acodada en el ángulo con que los dioses describen a las partículas más pequeñas del natrón verde?
-Yo sí. -respondieron Henutsen y algunos más.
-Entonces habréis visto que aún hay piedras calcinadas, medio fundidas… Pues cerca de allí cayó uno de esos proyectiles. Y muchos que estaban a punto de hacer su Ascensión, como algunos que ni siquiera estaban cerca, se asustaron y horrorizados se metieron en los tanques ascensionales de allí y en otros Templos cercanos y Criptas de Ascensión, para quedar muertos sin Ascender. En el Templo subterráneo de Agoser, por ejemplo, donde hay más de veinte tanques muy grandes para hacer la Ascensión en pareja, se metían varios a la vez… Un desastre, porque bastaba uno que no hiciera su Ascensión completa para que murieran todos, en vez de Ascender. Aunque volverían a nacer pronto, esas Almas debieron esperar a que las cosas volviesen a la normalidad, para luego superar el demonio del miedo, que se había apoderado de ellos de tal manera, que aún en sus siguientes encarnaciones les costaba vencerlo y cuando casi aparentemente lo habían logrado, volvían a caer en el terror al acercarse a los tanques donde habían muerto por contaminación de materia no ascendente, o por la radiación del Fuego Sagrado de los que empezaban a Ascender y se quemaban antes de lograrlo…
El Faraón tuvo que suspender la explicación porque uno de los del grupo de Invisibles lloraba inconsolablemente y cuando pudo calmarse pidió disculpas y explicó:
-Habéis dado a mi Alma una gran paz, Faraón, porque nunca pude entender por qué el sólo acercarme a los tanques de Ascensión de Tekmatis me hacía aterrorizar. Perdonadme Vos, Uasnum, porque no os pregunté, tal como debería haberlo hecho hace mucho tiempo...

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-Muy bien, -decía el Faraón disfrazado de porteador- porque antes de quedar formalmente arrestado, sería bueno que vuestro compañero conozca una historia que viene de lejos, hasta muy cerca. No la haré larga. Hace cinco mil años, cuando los Hombres-Dioses reconstruyeron Ankh em-Ptah, dejaron escrita la historia de Aztlán, que habéis estudiado en la escuela, como terminada mil años después de la reconstrucción. Lo que no se ha enseñado lo suficiente, es que los Aztlakanes llegaron a gobernar el mundo entero, pero cayeron en la esclavitud de unos pocos hombres muy astutos, que impusieron una forma de vida basada en un valor sin valor alguno, es decir en unas piezas de metal como las fichas del Juego del Poder, que ni siquiera eran de oro. Y aunque lo fueran, el oro es útil pero nunca tanto como el alimento, las telas, los animales, el agua, el aire... Y llegó un momento en que ni siquiera usaban ya esas fichas llamadas denarios, que no servían para nada, pero que sin ellas nadie tenía nada, ni siquiera comida. Tras cambiar la economía distributiva por una economía de valores artificiales, imaginarios, cambiaron los denarios por un sistema de datos que controlaban con unas máquinas, como las que están pintadas en el Templo Sekhmet de Abydos, donde se explica cómo la consciencia de las personas se fue pasando a las máquinas, a los meros datos y terminaron todos esclavos de unos pocos que las sabían manejar o de los dirigente políticos que nadie había elegido.

Era mucha la gente que vivía en esa época y era imposible administrar tantas fichas que para colmo, la gente fabricaba por todas partes aunque estaba prohibido. Encima que las fichas eran falsas porque no representaban trabajo, había otras fichas más falsas todavía, si cabe. Finalmente, para evitar las falsificaciones, tenían un sistema donde los denarios y los datos eran toda la abundancia, pero quien no pudiera demostrar que los tenía, era pobre, aunque trabajase todo el tiempo.
-¿Cómo se puede crear una economía con fichas sin valor, datos y máquinas? -decía uno de los soldados mientras el tabernero llenaba la mesa con jarras y pequeñas tortitas de cereales- La economía se crea administrando lo útil… Como estas tortas que hay de mil clases y tienen como diez componentes venidos de diversas tierras y están al alcance de todos en todas partes, desde los almacenes públicos hasta los sitios más apartados o las tabernas y bares. Nos lo explican en la escuela pero creo que la mayoría no hemos podido comprender del todo esa historia...
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Un ejército de 22.500 efectivos.
Cinco días más tarde, seis mil soldados de infantería, dos mil montados y doscientos cincuenta -de a dos- en cuadrigas, formaban la mitad de los efectivos en la ribera oriental del Nilo y otros tantos con la misma disposición se hallaban diez cuerdas más adelante, pero luego de dos días de marcha, al llegar a Edfu esa mitad sería trasladada en barcas a la ribera occidental. De ese modo la tropa que cubriría el lado occidental del río, ahorraba los dos días de marcha que requeriría rodear el gran meandro del Nilo al Norte de Karnak.
Cuatro mil hombres embarcaron en veinte navíos para hacer el viaje por el Nilo; otras quince barcas más rápidas con doscientos hombres tenían roles de vigilancia de vanguardia, a fin de evitar sorpresas a la caballería y la infantería. Los azafes de infantería de cien hombres cada uno más un subcomandante, iban llegando y formando un cuadro de tropa de impresionantes dimensiones. Los varones y las mujeres formaban por separado, siendo los azafes femeninos una tercera parte del ejército. En total, veintidós mil quinientos efectivos dispuestos para explorar y enfrentar los peligros que el Faraón daba cada vez por más reales
La logística terrestre representada por doscientos carros para cada mitad del ejército, dada las distancias que tendrían que recorrer, no quedaría a retaguardia ni participarían carreteros civiles, sino que marcharía inmediatamente detrás de la caballería y delante de la infantería, siendo los propios infantes los carreteros.
-¿Cómo estamos con las comunicaciones, Elhamin? -preguntó Isman. ¿Hay suficientes cetreros? .
- Menos de lo que me gustaría para este caso, Faraón, pero son diez cetreros al mando del mensajero Meremnut. Son el sistema de correo más efectivo, ya que los halcones están entrenados para oír el nombre de cualquiera de los diez e ir en su búsqueda. Si se les da una indicación adecuada porque se sabe ubicación u orientación, hallan al destinatario en un cuarto de Râdnie a un día de marcha. Y con tres halcones que lleva cada uno, será difícil que fallen en algún momento. Igual me hubiera gustado contar con más, pero las vigilancias del Este hacen necesarios muchos más en aquellas regiones.
-Los detalles los conozco, pero no sabía que tenemos diez cetreros tan relacionados entre sí para esta función.
Por todas partes se oían canciones, himnos y risas. La tropa iba en perfecto orden de marcha, pero no parecía consciente que su destino era una guerra. Sin embargo, nadie desconocía que podía ser su último viaje. Todos y cada uno de los soldados, mujeres y varones, componían el ejército más consciente que hubiera existido jamás en varios miles de años en todo el mundo. No eran conocedores todos de los más profundos misterios de la metafísica, pero nadie ignoraba lo necesario para vivir feliz, en una sociedad repleta de valores por los que estaban dispuestos a matar o morir sin pestañear. La mayoría había participado ya en combates defensivos de su país. Nadie había participado jamás en una invasión a tierras extranjeras o simples territorios desconocidos fuera de su Patria.
Los exploradores habían reunido todos los mapas posibles, copiados de los que había en todas las bibliotecas. Había indicios de que Ankh em-Ptah acababa muy lejos al Sur, pero sólo se conocían referencias endebles. Esta campaña, sin embargo, no sólo era de exploración, sino de enfrentamiento a un enemigo del que se conocía casi nada, salvo por los hechos ocurridos con anterioridad y en última instancia, para saber exactamente hasta dónde alcanzaba la herencia dejada por los Hekanef que construyeron Ankh em-Ptah hacía decenas o centenas de milenios y que más de cinco milenios atrás, antes de su propia y absurda extinción como civilización, la habían reconstruido los más sabios para mantener la Llama Votiva del Conocimiento Sagrado.
Esta vez, por orden del General Elhamin, el Faraón debía viajar en un carro cómodo para mantenerle fresco y descansado, pero como era de esperar, cada vez que Elhamin iba a verle al carro, el Faraón no estaba.
-¡Vaya promesa la vuestra! -dijo Elhamin a Isman, al alcanzarle cabalgando casi a la vanguardia- Espero que ante situaciones de combate…
-¡Os haré caso, Elhamin!, pero ahora sólo estamos marchando. Acompañadme, que me ha parecido ver algo raro en ese carro, razón por la cual he salido del mío. Sólo llevamos dos días de marcha y ya están ocurriendo cosas raras…
En un corto galope se hallaron al lado de uno de los grandes carros techados que llevaban provisiones. Isman pidió al carretero que se detenga y al abrir la cortina trasera, los rostros de dos jóvenes de no más de trece años aparecieron entre los cestos y cajas, asombrados al ser descubiertos nada menos que por Isman.
-¡Faraón! -exclamó uno de ellos- ¿A qué se debe el honor de que nos visitéis en el carro?
-El honor se debe a que no estáis incorporados en el ejército. Sois apenas unos críos que deberíais estar en la escuela… Y a Vos os conozco… ¡Sois el hijo del Sacerdote Menkauris! Si os dejase venir en esta campaña, se olvida que soy el Faraón y me cuelga de las orejas. Ahora tendré que disponer una barca para que os lleve de vuelta a Karnak. Vamos, salid del carro. ¿En qué estabais pensando al colaros en una caravana que va a la guerra?


Gracias a Tod@s

Piramicasa Gabriel Silva


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